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miércoles, 11 de marzo de 2020

El significado esotérico del hatha yoga

¿QUÉ SIGNIFICA LA SUPUESTA UNIÓN DEL SOL Y LA LUNA?

El hatha yoga es la fuente de gran parte del "yoga" que se practica en el mundo actualmente. Existen muchos tipos de yoga y muchos entendimientos distintos de lo que es el yoga (término que originalmente significa "ayuntar", "yunque", "unión"), pero es el hatha yoga el que ha dominado, si bien también al occidentalizarse y comercializarse ha perdido mucha parte de su esencia, acercándose más al fitness que a la meditación y a una motivación soteriológica. Por esto mismo, cabe reflexionar en lo que significa "hatha yoga".
Hatha en sánscrito significa "fuerza". Así, el hatha yoga consiste en gran medida en la utilización de la fuerza o el poder para obtener el yoga, el estado de unión, o el estado de poder espiritual (y a veces mundano). De aquí que se utilicen asanas, algunas extremas, cuya función es de alguna manera forzar la concentración o los estados mentales asociados con el samadhi (es importante mencionar que la función de toda asana o acción física es simplemente facilitar la meditación o los estados contemplativos). 
El hatha yoga nace entre los nath-yogis de la India, quienes a su vez están ligados a siddhas medievales que practicaban tantra y alquimia (aunque míticamente su fundador es la figura divina semilegendaria Dattatreya). Curiosamente, es el tantra budista el que influye directamente en la conformación de un vocabulario y una serie de prácticas -sin embargo, el tantra budista es a la vez influenciado por el tantra hindú y la alquimia medieval-. 
Ahora bien, muchos practicantes de yoga seguramente han escuchado otro significado del nombre "hatha", que tiene que ver con la unión del Sol y la Luna, donde se enseña que las dos sílabas (ha y tha) representan estos dos astros y también el aspecto masculino y femenino que se unen, hacen yoga. Hay que decir que esto no es lo que significa la palabra hatha, sino una lectura esotérica que sí existe en la misma tradición, aunque ha tenido mayor énfasis en la época moderna.
La razón por la cual se ha entendido que el hatha yoga es la unión del Sol y la Luna tiene que ver con el sistema anatómico esotérico del tantra y la alquimia. En el tantra y en la alquimia se utilizan las metáforas de dos gotas (bindu) que se unen en el cuerpo; la gota lunar en la cima de la cabeza y la gota solar en el vientre. Esta unión marca el despertar o la liberación, literalmente el estado del yoga. El Hatha Yoga Pradipika, uno de los textos fundacionales de esta tradición, dice: "Saludos a Susumna, a la Kundalini, el néctar que se origina de la Luna"; este es el néctar que se encuentra en la corona, asociado con el despertar de la divinidad (Shiva, la conciencia pura), que es despertado por Shakti, la energía kundalini de la base.
Uno de los principales maestros de hatha yoga en Occidente, Richard Freeman, explica este proceso como un diálogo interno entre opuestos, entre los dos canales o nadis (ida y pingala) que deben primero abrirse simultáneamente, para así balancearse, y luego cerrarse, de esta manera forzando que la energía o el aliento entre y suba por el canal central (susumna). Esta síntesis entre el Sol y la Luna es el yoga, el estado alquímico de conjunción, el "camino medio" a través del cual se alcanza el éxtasis de la vacuidad o el estado de unmani.

Fuente

lunes, 22 de julio de 2019

De las trampas de la búsqueda. Paulo Coelho

El autor expone aquí una serie de mitos, y sus desmentidas, acerca de los mejores caminos para el desarrollo espiritual, en procura de suavizar los debates y la intolerancia.


Al mismo tiempo que la gente está empezando a ocuparse de las cosas del espíritu, sucede otro fenómeno: la intolerancia con la búsqueda espiritual de los demás. Todos los días recibo revistas, mensajes electrónicos, cartas y panfletos que intentan demostrar que tal camino es mejor que aquel otro, y que contienen una serie de reglas para conseguir la iluminación. En virtud del volumen creciente de este tipo de correspondencia, he decidido escribir sobre lo que considero los peligros de dicha búsqueda.

Mito 1: la mente puede curarlo todo. Esto no es cierto, y prefiero ilustrar este mito con una historia. Hace algunos años, una amiga mía, profundamente implicada en la búsqueda espiritual, comenzó a tener fiebre y a encontrarse muy mal. Durante toda la noche intentó recrear su cuerpo, con ayuda de todas las técnicas que conocía, con el fin de curarse únicamente con el poder del pensamiento. Al día siguiente, sus hijos, preocupados, le pidieron que fuese al médico, a lo que ella se negaba, alegando que estaba purificando su espíritu. Sólo cuando la situación se hizo insoportable accedió a ir a un hospital, donde tuvo que ser operada inmediatamente al serle diagnosticada una apendicitis. Por lo tanto, mucho cuidado: a menudo más vale pedir a Dios que guíe las manos de un médico, que intentar curarse uno mismo.

Mito 2: la carne roja nos aleja de la luz divina. Es evidente que si uno profesa una determinada religión tendrá que respetar las reglas establecidas. Judíos y musulmanes, por ejemplo, en una práctica que forma parte de su fe, no comen carne de cerdo. Sin embargo, nos está invadiendo una ola de purificación por vía de la comida: los vegetarianos radicales consideran a los que comen carne responsables del asesinato de animales. Pero, ¿acaso las plantas no son también seres vivos? La naturaleza es un constante ciclo de vida y muerte, y un día seremos nosotros los que alimentaremos la tierra. Por lo tanto, si no perteneces a una religión que prohiba determinado alimento, come aquello que te pida el organismo. Quiero recordar aquí la historia del mago ruso Gurdjieff: cuando era joven, fue a estudiar con un gran maestro y, para impresionarlo, decidió comer sólo vegetales. Una noche, el maestro quiso saber por qué seguía una dieta tan rígida, a los que Gurdjieff respondió: “Para mantener limpio mi cuerpo”. El maestro se rió y le aconsejó que abandonara ese hábito: si continuase así, le dijo, terminaría como una flor en un invernadero: muy pura, pero incapaz de resistir los desafíos de los viajes y de la vida. Como decía Jesús: No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre, sino lo que sale de la boca.

Mito 3: Dios es sacrificio. Mucha gente busca el camino del sacrificio y de la autoinmolación, afirmando que debemos sufrir en este mundo para ser felices en el próximo. Pero si este mundo es una bendición de Dios, ¿por qué no aprovechar al máximo las alegrías que nos ofrece la vida? Estamos muy acostumbrados a la imagen de Cristo en la Cruz y olvidamos que su pasión duró apenas tres días: el resto del tiempo la pasó viajando, conociendo gente, comiendo, bebiendo y predicando su mensaje de tolerancia. Tanto que su primer milagro fue políticamente incorrecto: como faltaba bebida en las bodas de Caná, transformó el agua en vino. Y lo hizo, a mi entender, para demostrar que no hay mal en ser feliz, en alegrarse, en participar en una fiesta, porque Dios está mucho más presente cuando estamos todos juntos. Mahoma decía que “si somos infelices, llevamos la infelicidad a nuestros amigos”. Buda, tras un largo período de prueba y renuncia, estaba tan débil que apenas si podía respirar; cuando fue salvado por un pastor comprendió que el aislamiento y el sacrificio nos alejan del misterio de la vida.

Mito 4: existe un único camino hacia Dios. Este es el más peligroso de todos los mitos: a partir de ahí empiezan las explicaciones del Gran Misterio, las luchas religiosas y el juicio de nuestro prójimo. Podemos escoger una religión (yo, por ejemplo, soy católico), pero debemos tener presente que si nuestro hermano escoge una religión diferente, llegará al mismo punto de luz que buscamos nosotros con nuestras prácticas espirituales. Finalmente, vale la pena recordar que de ninguna manera podemos transferir a nuestro padre, rabino o imán las responsabilidades de nuestras decisiones. Somos nosotros quienes construimos, con cada uno de nuestros actos, la entrada al paraíso.

© Traducido del portugués por Juan Campbell-Rodger.