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jueves, 3 de octubre de 2019

Cómo hacer sirsasana en la pared

Sirsasana perrete YoguineandoT


Las posturas invertidas dan mucho miedo, las practiquemos como las practiquemos, al principio son una pesadilla. Mucha gente usa la pared para sentirse más segura, pero es cierto que la pared, si te caes, no tiene brazos para sujetarte si te vas de lado.

¿Entonces, cómo practicar las invertidas si no vas a clase? Lo primero es asegurarnos de que tenemos la técnica interiorizada en nuestra cabeza (y para eso necesitas la guía previa de un experto) y que la seguimos al pie de la letra. Después es importante seguir una práctica de yoga centrada en el uso del músculo serrato anterior y el fortalecimiento del core (¡las invertidas son todo core y no tanto de brazos!).

Si todo esto ya lo tienes, entonces la secuencia de la viñeta te puede ayudar en tu práctica de sirsasana o parada sobre la cabeza. Eso sí, primero vamos a asegurarnos de que nuestra base es sólida siguiendo los pasos de las viñetas 1 y 2. ¡No pases a la siguiente si no estás seguro! Progresivamente y con una práctica continuada de las dos primeras viñetas, iremos a la siguiente donde nos detendremos y no pasaremos a la que le sigue hasta que no dominemos la anterior. ¡No hagas todas seguidas si no las controlas! De lo contrario, el perrete del dibujo acabará aplastado como una pegatina.

Si crees que puedes hacer la secuencia completa, aquí tienes las instrucciones:
Con los codos separados al ancho de los hombros, coloca la coronilla en el suelo y abraza tu cabeza con las manos
Sube las caderas y acerca los pies hacia el pecho
Apoya un pie en la pared a la altura de tus caderas. Respira aquí y empuja el suelo con los antebrazos
Si estás bien ahí, sube el otro pie, estira las piernas colocando tus caderas por encima de tu cabeza. Aprieta el abdomen y empuja el suelo alargando cervicales
Si sigues a gusto, sube una pierna manteniendo la otra en la pared. Continúa empujando el suelo y alargando el cuello
Si te sientes seguro prueba poco a poco a subir la otra pierna apretando core y glúteos fuerte y manteniendo la presión sobre el suelo con los antebrazos. Sigue respirando y separa los hombros de las orejas
Baja de la misma manera en la que subiste. Durante todo el ejercicio, el peso debe ir sobre los antebrazos casi exclusivamente.

Posturas como sirsasana suponen un enorme peligro sobre nuestra salud (y la de nuestro perro si se acerca tanto como este). Siempre es mejor practicarlo con un profesor experto o en parejas sabiendo exactamente como cuidar y ser cuidado. Si quieres aprender a practicar invertidas de forma segura y divertida, apúntate a mi lista de eventos de tu ciudad, ya que es muy posible que en 2019 te haga una visita y podamos aprender juntos.


Om Shanti Shanti Requeteshanti
Julia

Fuente

lunes, 4 de febrero de 2013

Las cinco frases más pronunciadas en tu primera clase de yoga

Te has decidido. Por fin vas a debutar como practicante de yoga. Cierta excitación y un poco de miedito te invaden cuando plantas los pies sobre la esterilla. La experiencia de la primera clase es una prueba para el cuerpo y la mente. 

El profesor comienza a dar instrucciones. Mientras tratas de seguir la clase, tu diálogo interior intenta dar sentido a las sensaciones que percibes. Con mensajes parecidos a los que siguen.

"¡Me asfixio, no me llega el aire!".
Tranquilo. El yoga es, entre otras cosas, una práctica física ligada a la respiración. Lo que estás haciendo es adecuar el ritmo de inhalaciones y exhalaciones. Y eso cuesta.

"No me entero de nada de lo que dice el menda este"
El profesor hilvana instrucciones mientras tú aún estás preguntándote dónde tienes la mano derecha. Tu cuerpo (y por añadidura, la mente) van a integrar con la práctica la acciones que te llevarán a hacer una u otra asana.

"No sabía que tuviera un músculo ahí".
Parece mentira lo poco que conocemos nuestro cuerpo. Pero el yoga y sus posturas raritas harán que intimes hasta con la uña del dedo pequeño del pie izquierdo.

"En la vida voy a hacer eso que hace el tío de al lado" o "estoy hecho un palo".
Pocos humanos cuentan con la genética de un contorsionista. Es normal que, por ejemplo, no llegues a tocar el suelo con las manos al inclinarte hacia delante desde la postura de pie. Alégrate, estás en el camino para hacerte más flexible. Y no te compares.

"Ay, ¿qué me pasa que me da la llorera?".
El yoga también es cuestión de emociones. A veces, sin previo aviso ni razón, te puede asaltar un sentimiento intenso. Ganas de reír o de soltar lágrimas. Da rienda suelta al impulso y exprésate.